sábado, 17 de octubre de 2015

El Fin de ANSPE y La Lucha Contra La Pobreza Extrema


“La pobreza trae consigo lo más difícil de tolerar,
y es que hacer ver a la humanidad como un ridículo.”
Juvenal (poeta romano siglo I)

            Las personas que viven en situación de pobreza extrema están atrapadas en una dinámica que solo obedece al imperativo de la subsistencia y de la inmediatez; su existencia se desenvuelve dentro de una trampa de la cual es muy difícil liberarse. Dentro de ella el tiempo no es un aliado, las cosas no tienden a mejorar con los días y la esperanza en ello es abstracta e infinitamente lejana. Las vidas de estas familias consisten en una amalgama frágil de actividades que generan ingresos extremadamente bajos, los cuales, además, son inciertos e inconstantes.
            Los pobres extremos viven con sus estómagos medio vacíos, deben saltarse las comidas. La consecuente desnutrición conduce a deficiencias generales de salud, agregándole aún más vulnerabilidad a su existencia. Esta dinámica viciosa se extiende más allá de una generación: mala salud de la madre conduce a bebés malnutridos, quienes empiezan sus vidas con desventajas fisiológicas y psicológicas, muchas veces irreversibles, en particular por la severidad de la privaciones desde el nacimiento.
            Los niños de esta familias que asisten a la escuela llegan a esta malnutridos, muchos viven con hambre y se atrasan en el aprendizaje, lo cual los lleva, no pocas veces, a la deserción escolar. Eventualmente, estos niños ingresan a la lista de trabajadores no calificados, carentes de activos y sin educación básica. Así crecen, maduran y forman familias, perpetuando la trampa de la pobreza extrema.
            Por lo general, los beneficios del crecimiento económico no llegan a los pobres extremos. Estos no tienen competencias necesarias para un enganche laboral. El Estado es incapaz de garantizar el goce de sus derechos, el sector privado no genera las oportunidades que requieren, y las organizaciones sociales no logran llenar los enormes vacíos. En Colombia la ANSPE – Agencia Nacional para la Superación de la Pobreza Extrema – se creó para focalizar la atención en el millón y medio de familias más pobres del país, unas 6.0 millones de personas.
            Un grupo de más de 8900 enlaces familiares llamados cogestores sociales y un sistema de información llamado SIUnidos, han hecho posible que los más pobres de Colombia mejoren sus posibilidades de acceso a servicios de identificación, educación, salud, vivienda, ingresos, nutrición, justicia, micro crédito y ahorro. La ANSPE ha permitido atacar la pobreza desde una perspectiva multidimensional, promoviendo el goce de derechos fundamentales y el empoderamiento necesario para que los más vulnerables y excluidos tomen control de su propio futuro.
            La ANSPE fue diseñada para operar durante 8 años, (2012 – 2020), con el objetivo de que en ese período la pobreza extrema se redujera del 10.0% al 3.0% de la población, es decir, 1.0 punto porcentual por año. Esto se logró en los primeros dos años de la estrategia: la pobreza extrema se ha reducido del 10.0% al 8,0%. Sin embargo, el gobierno nacional ha tomado la decisión de fusionar la ANSPE con el DPS – Departamento de Prosperidad Social – aparentemente, presionado por el déficit en las cuentas fiscales.
            Al tomar esta decisión, el gobierno corre el riesgo de debilitar la focalización de política pública en garantizar los derechos de los colombianos más vulnerables: aquellos que no gozan de los beneficios del crecimiento económico y que han vivido en miseria ininterrumpidamente por generaciones. No es inusual que los recortes presupuestales afecten a los más pobres. Esperamos que esta vez el ahorro no salga caro, y no se interrumpa el ritmo de superación de la pobreza extrema de los últimos años.

            De lo contrario, habríamos atentado contra un enorme imperativo ético y el mayor reto de nuestra generación: la erradicación la pobreza extrema para siempre.

lunes, 21 de septiembre de 2015

La Franquicia Social



            Cuando una empresa entrega una franquicia, esencialmente está transfiriendo sus conocimientos y derechos a un tercero para replicar su negocio. El franquiciado asume algunas obligaciones y debe pagar una tarifa para utilizar la marca, los procesos y los sistemas del franquiciante. El franquiciado además recibe entrenamiento y actualización permanente por parte de la empresa franquiciante.

            La franquicia social es casi igual a una franquicia en el sector privado. La diferencia es que la franquicia social está diseñada, no solo para generar utilidades, sino para alcanzar objetivos sociales tales como resocialización de presidiarios,  reducción de embarazos en adolescentes, o eliminación de la desnutrición crónica o global, o ambientales como reducción de la emisión de gases contaminantes, o protección de corales y fondos marinos.  

            Necesariamente, las franquicias sociales requieren de emprendedores que estén dispuestos asumir la responsabilidad de operar su propio negocio e ingresar a una red de intercambio de prácticas y conocimientos. Deben tener integridad, iniciativa y compromiso como cualquier emprendedor, pero además sentir la pasión por el cambio social. Es decir, as franquicias sociales son dirigidas por emprendedores sociales.[1]

            La importancia de las franquicias sociales radica en la necesidad de llevar a gran escala los proyectos sociales. La organizaciones de caridad o fundaciones, tanto las que proporcionan ayuda humanitaria como las que operan modelos de cambio social, generalmente no logran el tamaño suficiente para lograr un gran impacto. El sector no gubernamental es fragmentado; organizaciones sociales tienden a ser pequeñas y poco eficientes. La franquicia social puede ser una buena estrategia para crecer e impactar la sociedad.

            Las franquicias sociales generalmente se originan en organizaciones no gubernamentales (ONG’s), pero también pueden presentarse en el gobierno o en empresas privadas. La primera experiencia significativa de franquicia social se dio en Pakistán por la organización social Greenstar (www.greenstar.org.pk). Greenstar provee servicios de planificación familiar, salud sexual y reproductiva, maternidad y tuberculosis, entre otros. La organización ha entrenado a más de 24000 personas capaces de diagnosticar y tratar a beneficiarios/clientes en más de 7000 clínicas franquiciadas y 80000 droguerías.

            En los últimos 20 años se han desarrollado más de 25 franquicias sociales similares a Greenstar en Asia, Latinoamérica y África, lo cual ha permitido llevar servicios de salud de manera rápida y costo-eficiente a comunidades vulnerables. La Red Europea de Franquicias Sociales (www.socialfranchising.coop) ha identificado más de 60 franquicias sociales que operan en Europa generando 13000 empleos.

            En Colombia, los Hogares de Bienestar que operan a través de Madres Comunitarias pueden considerarse una especie de franquicia social. Los centros de aprendizaje de informática así como las satélites universitarias en zonas aisladas también podrían calificarse como franquicias sociales. Desafortunadamente, en Colombia no tenemos grandes ejemplos para mostrar en esta materia.

            El Centro Internacional de Franquicias Sociales (ICSF) (www.the-icsf.org) en Londres ha sido fundado para replicar proyectos sociales de alto impacto vía franquicia social. Esta organización ha desarrollado una “caja de herramientas” para aquellas organizaciones interesadas en desarrollar una franquicia social. En Noviembre ejecutivos de ICSF visitarán nuestro país para realizar un taller sobre franquicia social con un grupo de organizaciones incluyendo Fundación Carulla, Fundación Corona, Fundación Santo Domingo y Futbol con Corazón.[2]

            Es evidente que el Estado y la empresa privada no alcanzan a ofrecer todos los servicios sociales y los empleos que  necesitan los colombianos. Para llenar estos vacíos y llegarle a millones de personas con programas de alto impacto, se hace necesario incorporar modelos novedosos como la franquicia social. Solo así podremos aspirar a superar los problemas de pobreza y exclusión,  y comenzar a cerrar las inmensas brechas que nos tienen en la penosa lista de los cinco países más desiguales del planeta.




[1] Emprendedores sociales son personas que buscan implementar ideas innovadoras  cuyo fin es resolver problemas presentes en la sociedad.
[2] Fútbol con Corazón está actualmente piloteando modelo de franquicia social (www.fcc.futbol/franquicia/) en Barranquilla en los Barrios Barlovento, Los Laureles y Los Robles.  

sábado, 29 de agosto de 2015

Los Jóvenes y la Paz


“Nada más poderoso que un joven hablándole a otro joven.”
Michael Shipler

            En Colombia hay más jóvenes (14-28) que nunca antes en su historia, aproximadamente 13 millones. Los jóvenes de un país son su fortaleza y su gran oportunidad para crecimiento y desarrollo. Desafortunadamente, en nuestro país muchos de ellos viven en zonas marginadas que los expone a riesgos: drogas, alcohol, prostitución, relaciones sexuales prematuras, embarazo de adolescentes, pandillas, micro tráfico, deserción escolar, abusos, maltratos y violaciones. Los costos sociales, humanos y económicos de esta realidad son enormes.

            Ante la falta de alternativas, muchos de nuestros jóvenes terminan reclutados por guerrillas, pandillas o bandas criminales. Se estima que aproximadamente el 30% de los militantes de estos grupos ilegales son jóvenes. Así, de ser la esperanza de una Nación, los jóvenes pasan a ser una gran amenaza a la seguridad y la estabilidad social. Es realmente doloroso porque las investigaciones sugieren que si crecen en ambientes adecuados, son muy pocos los jóvenes que toman un camino de violencia e ilegalidad.
            Las Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales están tratando de concientizar  a los gobiernos y a la población en general sobre el rol de los jóvenes en la construcción de paz y convivencia. Todavía estos esfuerzos son incipientes y no han logrado incidir de manera importante en la política pública. Aún observamos que la construcción de paz va por un lado y el desarrollo de jóvenes va por el otro.
            Con pocas excepciones, desarrollo de juventud y paz obedecen a políticas independientes, no coordinadas entre sí. Esta es una debilidad en el diseño de la política pública. El Estado y las organizaciones multi laterales con el apoyo del sector privado deben realizar las inversiones necesarias para que los jóvenes tengan acceso a educación de calidad y  oportunidades para insertarse en la vida política y económica del país.  
            Trabajando basados en cooperación y diálogo, jóvenes y adultos pueden prevenir violencia, extremismo e intolerancia. Si les damos las herramientas adecuadas, los jóvenes son capaces de liderar transformaciones realmente milagrosas. Desatando todo el potencial que tienen los jóvenes como actores de paz, la contribución al fin de la guerra y la violencia puede ser enorme.
            El Artículo 3 del Acta de la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes compromete a los Estados a formular políticas y proponer programas que alienten y mantengan de modo permanente la contribución y el compromiso de los jóvenes con una cultura de paz y el respeto a los derechos humanos y a la difusión de los valores de la tolerancia y la justicia.

            En Colombia, los jóvenes son vistos como víctimas o victimarios de la violencia. Un cambio de mentalidad nos debe llevar a ver a los jóvenes como agentes de cambio positivo en sus comunidades. Sabemos que su participación es esencial para construir cohesión social y prevenir conflictos.

            Los jóvenes son nuestros mejores aliados para la paz.

lunes, 17 de agosto de 2015

Desarrollo Humano Ajustado por Desigualdad


                   “Para qué es el crecimiento si no es para que la gente común pueda prosperar?
          Winnie Byanyima (Oxfam)
           
            Es del mayor interés saber si el crecimiento económico, reduce la desigualdad. Es decir, si es válida o no la famosa teoría de “chorreo” económico planteada por Simón Kuznets en 1955  que sostiene que una parte significativa del crecimiento económico se rebalsa hacia la población vía puestos de trabajo y por tanto, mejora la distribución de ingresos. Es importante saber esto porque el crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto) es el indicador económico al que más importancia le damos. Si no es cierto que el crecimiento económico reduce desigualdad de manera automática a ritmos deseables, entonces necesitamos darle prioridad a otros indicadores.

            Cada día entendemos más la importancia de tener una distribución de ingresos menos desigual. Es decir, la desigualdad importa, e importa mucho. En primer lugar, porque reducir la desigualdad por lo general también significa reducir la pobreza y la violación de derechos humanos fundamentales, lo cual es simplemente inmoral. Todas las vidas humana son igual de importantes.

            También es primordial reducir la desigualdad porque cuando los países son muy desiguales la gente con más dinero tiene control sobre los menos favorecidos. Gente con mucho dinero deciden donde se ubican los empleos, cuales son los ingresos, y como debe ser la vida de los demás. Los dueños del dinero generalmente también son dueños de los medios de comunicación afectando la forma como la sociedad se comprende y justifica a sí misma.

            Cuándo los países son muy desiguales los que ocupan cargos de elección popular dependen de las contribuciones de los ricos para sus campañas electorales, y responderán más rápidamente a sus intereses. Por consiguiente, los pobres no suelen estar equitativamente representados en decisiones políticas, con el riesgo que se perpetúen sus precarias condiciones de vida. Es decir, la desigualdad económica se convierte en desigualdad política.

            La desigualdad de ingresos hace muy difícil la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos. Cuando hay desigualdad de ingresos, los niños ricos tienen acceso a mejor educación básica que los pobres, y los adultos ricos tienen mayor acceso educación superior y a créditos para comenzar un negocio.

            También se sabe que la desigualdad afecta el crecimiento económico. Es decir, países menos desiguales tienden a tener ciclos más largos de crecimiento económico. Una mejor distribución del ingreso permite que la demanda interna de las economías sea más fuerte. 

            La desigualdad también puede tener efecto destructivo en el tejido social, creando fricciones entre los diferentes niveles socio económicos. En muchos casos, la desigualdad se manifiesta en desobediencia civil acompañada de violencia. La desigualdad puede poner en riesgo las instituciones causando inestabilidad política, la cual afecta la inversión privada, formando así un círculo vicioso.

            Por estas razones, los gobiernos deben hacer más visibles nuevos indicadores de gestión. Uno de ellos, el Índice de Desarrollo Humano Ajustado por la Desigualdad (IDH-D), mide no solo como avanza un país en salud, educación e ingresos, sino cómo esos logros son distribuidos entre los ciudadanos. En otras palabras, la diferencia entre IDH-D y IDH es la pérdida al desarrollo humano atribuible a desigualdad. Este indicador nos permite conocer un poco más sobre el impacto de la desigualdad en el desarrollo humano y puede ayudar a impulsar políticas públicas más inclusivas.

            En el reporte de Naciones Unidas del 2014 Colombia registró un IDH de 0.711, por debajo de Chile (0.822), Argentina (0.808), Uruguay (0.790), Venezuela (0.764), Brasil (0.744) y Perú (0.737). Ajustado por desigualdad, Colombia pierde el 26.7% del índice, registrando un IDH-D de 0.521. Chile pierde 19.6% del índice, Argentina 15.8%, Uruguay 16.1%, Venezuela 19.7% , Brasil 27.0% y Perú 23.7%. El promedio mundial de pérdida en desarrollo humano a causa de la desigualdad es 22.9%. Los países desiguales como Colombia  - 4to más desigual en el mundo por coeficiente GINI -  ven más golpeados su desarrollo humano que aquellos países menos desiguales.

            Cada vez más personas están conscientes que la desigualdad dentro de países y entre países, es uno de los mayores retos del mundo actual. La reducción de desigualdad debe ser un fin en sí mismo. También es la forma más expedita para reducir niveles de pobreza.


            El solo crecimiento económico puede estar generando falsas esperanzas de prosperidad. Por esto debemos difundir el IDH-D (índice de Desarrollo Humano Ajustado por la Desigualdad) con el mismo interés con que difundimos el crecimiento del PIB.