sábado, 26 de marzo de 2016

Violencia y Desigualdad

                                                               

               En la desigualdad de ingresos se originan muchos de los problemas más apremiantes de la sociedad. Estudios recientes sugieren una fuerte relación entre desigualdad y violencia. Aquellos países, regiones o ciudades más desiguales tienden a tener mayores niveles de violencia. En aquellos lugares donde más familias han quedado rezagadas o excluidas, y/o donde los ricos se han apartado más del promedio de ingresos, se presentan más homicidios, atracos, violaciones, y otros crímenes. [1] Nos corresponde preguntarnos: ¿Porqué? ¿Qué ocurre al interior de las personas que las hace más violentas cuando la distribución de ingresos es más desigual?

               El siquiatra James Gilligan del Centro de Estudios Sobre Violencia de la Universidad de Harvard sostiene que los actos violentos tienen su origen en sentimientos de vergüenza y humillación. La mayoría de los actos violentos en el mundo son perpetrados por hombres entre los 17 años y 27 años. Las mujeres, por su parte, presentan tasas de homicidios mucho más bajas que los hombres. Para los hombres lo más importante es el status, para las mujeres lo primordial es la belleza y el atractivo físico. Los hombres se tornan más violentos cuando no alcanzan el status o posición social deseada. Pierden lo más preciado, su dignidad y su honra.  También se sabe que los jóvenes que crecen sin padres – desafortunadamente, es el caso de cientos de miles de familias encabezadas por madres solteras en nuestro país  –, están predispuestos a comportamientos hipermasculinos, donde la importancia del status cobra aún mayor fuerza.

               La intimidación, el maltrato, el abuso, el matoneo, la discapacidad, la vida precaria y la ausencia de ingresos, despiertan sentimientos de humillación y vergüenza entre los jóvenes. En sociedades desarrolladas el acceso a ciertas cosas como ropa, servicios de salud, educación y vivienda digna, les permite recobrar algo del status perdido, pero en países muy desiguales son pocos los que pueden tener acceso a esta protección social básica. En muchos casos el capital social y la confianza generada entre pobladores se convierte en un buen antídoto para la violencia. Sin embargo, este tejido tan importante se lastima cuando las brechas sociales y económicas son grandes.

               La inseguridad es una de las grandes preocupaciones de los Colombianos. Aunque no todos somos víctimas directas de actos violentos, la calidad de nuestras vidas es afectada por el miedo a que nos atraquen en las calles. En las 11 ciudades más grandes del país, la inseguridad junto con la movilidad, son los problemas que más preocupan a los habitantes. Colombia tiene tres ciudades entre las cincuenta más peligrosas del mundo: Palmira, Cali y Pereira. Barranquilla salió de la lista en el 2013, pero podría regresar al selecto grupo si mantiene una tasa de 30 homicidios por cada 100000 habitantes.

               La correlación entre desigualdad y violencia es fuerte y consistente. Está comprobado que los orígenes de la violencia están asociados al atropello a la dignidad de los jóvenes. En vez de concentrarnos exclusivamente en dotar las ciudades de costosas cámaras, armas y policías para reprimir, no deberíamos ocuparnos en desarrollar auto estima, confianza y el control de emociones de nuestros jóvenes?
              
               El deporte con pedagogía aplicada puede ayudar a nuestros jóvenes a desarrollar valores y habilidades tales como empatía, resolución pacífica de conflictos, asertividad, auto reflexión, pensamiento autónomo y trabajo en equipo. También la música, el teatro, la danza, la poesía y tantas otras expresiones humanas pueden ayudar a desarrollar las llamadas habilidades blandas. Son herramientas costo eficientes y poderosas que permiten que nuestros jóvenes se sientan útiles, apreciados, y ennoblecidos, alejándolos de la violencia y el crimen.

               Es hora de atacar la inseguridad con inteligencia, no solo con fuerza.



[1] R. Wilkinson, K Prickett, The Spirit Level. New York: Bloomsbury Press, 2010.

domingo, 28 de febrero de 2016

Fútbol para el Desarrollo y la Paz: La Cita es en Barranquilla



“Todo cuanto sé con mayor certeza
sobre la moralidad y las obligaciones
del hombre, se lo debo al fútbol.”
Albert Camus

             No es un secreto. Colombia registra un indicador de pobreza muy alto para su nivel de ingresos y ostenta uno de los niveles más altos de desigualdad en el mundo. Aproximadamente uno de cada tres Colombianos vive por bajo de la línea de pobreza monetaria. Los esfuerzos re distributivos del Estado y la máquina productiva del sector privado no han logrado reducir la desigualdad de ingresos a niveles aceptables, ni ofrecer oportunidades laborales suficientes para los jóvenes.

            Muchos fenómenos sociales indeseables están asociados a esta realidad, entre otros, deserción escolar, prostitución, embarazo adolescente, trabajo infantil, drogadicción, alcoholismo, pandillas, reclutamiento de fuerzas irregulares, violaciones, maltratos, abusos, y otras manifestaciones de violencia. Ante la debilidad de nuestras instituciones, los altos niveles de corrupción y la insuficiencia de recursos, violentamos sistemáticamente los derechos de nuestras niñas, niños y jóvenes y perpetuamos el sub desarrollo.

            La solución está en garantizar educación de calidad y formación para el trabajo. Sobre esto no hay discusión. Es decir, debemos asegurar que todos nuestros niñas, niños y jóvenes desarrollen habilidades que les permitan tener vidas sanas y productivas. Necesitamos buenos profesores para enseñar matemáticas, lenguaje y ciencias, introducir modernos métodos educativos y tener una infra estructura escolar educada. Pero también debemos garantizar el desarrollo de habilidades socio-cognitivas y emocionales, tanto interpersonales como intrapersonales, que permitan que el niño defina y construya su identidad, y además se maneje dentro de un grupo relacionándose positiva y constructivamente. Estas habilidades incluyen auto reflexión, pensamiento creativo, auto estima, empatía, auto conocimiento, control de emociones, trabajo en equipo, asertividad y respeto y aprecio por los demás, y resolución pacífica de conflictos.

            Por suerte en Colombia existen un grupo de organizaciones de la sociedad civil que han desarrollado currículos con metodología lúdico-experiencial, donde el niño por medio del fútbol logra desarrollar estas habilidades y enfrentar exitosamente desafíos propios de entornos de alta vulnerabilidad. Estas organizaciones agrupadas bajo la Asociación Fútbol, Desarrollo y Paz han encontrado en el fútbol una herramienta muy útil para el cambio social, no solo por sus posibilidades pedagógicas, sino por su capacidad convocatoria. En Barranquilla, el fútbol para el desarrollo y la paz se practica en más de treinta barrios, lo que la convierte en candidata a capital mundial de esta materia.

            La práctica del fútbol con objetivos pedagógicos ha probado ser una solución efectiva y costo eficiente para pacificar a individuos con tendencias a hostilidad y violencia, y devolverle a las comunidades el sentido de seguridad y normalidad. Las niñas, niños y jóvenes que juegan Fútbol por la Paz lo hacen sin pitos y sin árbitros, así desarrollan auto control y resolución pacífica de conflictos. Durante el juego los participantes hacen acuerdos de convivencia sobre valores como honestidad, aprendiendo a no fingir faltas y otras prácticas engañosas. En los partidos de Fútbol por la Paz el equipo que gana no es el que más goles anote, sino el que mejor combine goles anotados con la práctica de valores como respeto, solidaridad y tolerancia. En Fútbol por la Paz es importante aprender a patear el balón para jugar en equipo y anotar goles, pero también se aprende que errar está bien porque nos da la oportunidad de mejorar.

            Con el objetivo de promover el fútbol como herramienta para desarrollo y  paz, el 19 de Mayo se realizará en Barranquilla el I Foro Fútbol, Desarrollo y Paz.[1] Durante el Foro, los más destacados empresarios sociales del mundo provenientes de Sudáfrica, Brasil, Chile, Inglaterra y E.E.U.U. presentarán experiencias exitosas. Además, habrá tres interesantes diálogos sobre fútbol para el desarrollo, incluyendo uno sobre fútbol para el desarrollo y política pública con la presencia de gobernantes locales. El Foro será una oportunidad única para todos aquellos que les apasione la innovación, la construcción de capital humano y el emprendimiento social como vehículos para el desarrollo.

            Para no perdérselo.



[1] Inscripciones aquí: http://www.fcc.futbol/foro-fdp/

domingo, 24 de enero de 2016

Los Ninis y la Inseguridad


           Todos los días escuchamos a altos funcionarios del gobierno nacional y a mandatarios locales anunciando medidas contra la delincuencia y la criminalidad. Hace poco el Alcalde de una ciudad importante amenazó con militarizar todas las calles. Y no es para menos, la violencia en las calles es una de los mayores problemas del país y así lo manifiestan los ciudadanos. En Barranquilla y en Cali, 51% de los ciudadanos se sienten inseguros (encuesta polimétrica de Red de Noticias Caracol Sept/2015). Según el Banco Mundial, 5 de las 50 ciudades más inseguras del planeta están en Colombia. Generalmente, las medidas que anuncian los políticos consisten en aumentar el número de policías, cámaras de vigilancia, laboratorios de criminología, nuevos centros de policías – los cuáles se inauguran con grandes celebraciones – y cárceles. 
            Desafortunadamente, estas medidas represivas resultan onerosas y poco efectivas porque atacan solo los síntomas, olvidando la raíz del problema. Es necesario abordar el problema de inseguridad urbana y rural desde otra perspectiva. La violencia en Colombia está asociada a los llamados ninis[1]. Está comprobado: en los lugares donde hay más ninis, aumentan los índices de criminalidad. El último informe del Banco Mundial señala que 1 de cada 5 jóvenes entre 15 y 24 años en América Latina son ninis. El problema de la inseguridad reside allí.
            Si no abordamos el problema de los ninis, no veremos mejoras significativas en los niveles de seguridad y paz. Los ninis no se educan, no tienen trabajo estable ni ingresos, no tienen mentores ni oportunidades, son fácilmente seducidos por la ilegalidad y el crimen. Las consecuencias son nefastas: se detiene la movilidad social, y se perpetúan la pobreza y la exclusión. Ya sabemos que la acumulación de capital humano es fundamental para crecimiento económico y la reducción de pobreza.
            Cómo deben responder los gobiernos ante esta realidad? Esperar a que siga aumentando la cantidad de ninis? Aumentar las poco eficaces medidas represivas? O actuar para proporcionarle a los niños y jóvenes mayores oportunidades en educación y empleo?
            Si la respuesta es invertir en educación y empleo la sugerencia es concentrarse, no solo en las habilidades académicas, sino en las llamadas habilidades suaves (soft skills, en inglés). Recientes estudios de la Universidad de Duke en los Estados Unidos evidenciaron que el desarrollo de habilidades como empatía, autoestima, auto control, asertividad, auto reflexión, resolución de problemas, y de valores como respeto, tolerancia y solidaridad, están directamente relacionados con la reducción de delincuencia juvenil.
            Aprender matemáticas y lectura es importante para aquellas cosas que requieran matemáticas y lectura, pero para evitar ser reclutado por el crimen se requiere tener auto control y la confianza en sí mismo, habilidades que poco se desarrollan en nuestras escuelas. 
            Pero el mayor crimen es el que sistemáticamente cometen nuestros políticos al destinar la mayor parte el gasto público a policías y ejército, en vez de invertir en el desarrollo de habilidades y valores para que nuestros niñas y niños tomen buenas decisiones para sus vidas. 
            Solo así veremos una verdadera reducción en los ninis y consecuentemente, en la inseguridad.



[1] Jóvenes que no estudian, no trabajan y no están recibiendo capacitación para el trabajo.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Cómo Cambiar el Mundo


         Muchas organizaciones trabajan para cambiar el mundo. Es decir, para mejorar significativamente la vida de la gente. Algunas son privadas, pero la mayoría son ONG’s, fundaciones, gobiernos nacionales, regionales o locales, organizaciones religiosas, bancos de desarrollo empresas sociales u organizaciones multi laterales. Estas organizaciones luchan para superar una larga lista de problemas sociales como pobreza extrema, falta de justicia, violación de los derechos humanos, acceso a la salud, calentamiento global, deforestación, violencia contra la mujer, enfermedades como malaria, mortalidad infantil, pandillas, embarazo adolescente, falta de agua potable, falta de oportunidades de trabajo, deserción escolar y desnutrición, entre otros.

         La mayoría de las organizaciones se dedican a hacer la vida un poco mejor dentro de un marco social existente. Aunque consiguen ayudar a muchas personas, por lo general no logran verdaderas transformaciones. Repartir alimentos y subsidios, construir escuelas y adjudicar viviendas gratuitas, pueden ayudar desde el punto de vista humanitario, pero no generan cambio social a gran escala.

         Por fortuna, en los últimos años ha surgido una alternativa que sin ser gobierno ni empresa privada, navega entre los dos sectores. Se llama emprendimiento social. Las empresas sociales se caracterizan por utilizar el diálogo y la observación para entender las perspectivas de la gente. Además, suelen utilizar las fuerzas del mercado para diseñar sistemas de cambio social. Estas organizaciones evitan que las soluciones sean impuestas desde afuera, logran que broten desde adentro. Las empresas sociales empoderan a las poblaciones vulnerables para que tomen control de su propio futuro.

         Cuándo el afamado emprendedor social Mohammed Yunus empezó, el solo quería ayudar a los micro empresarios pobres de Bangladesh. Estos micro empresarios vivían en condiciones de miseria y eran explotados por intermediarios. Yunus desarrolló un modelo para prestarles dinero a bajos intereses y sin garantías, evadiendo los intermediarios abusivos. El revolucionario sistema logró que millones de personas escaparan la pobreza. Esto le mereció el Premio Nobel de la Paz en el 2006.

         Cambiar el mundo es posible. Requiere desarrollar modelos de alto impacto y masificarlos en forma sostenible. Ejemplos de emprendimientos sociales sobresalientes se pueden encontrar en Getting Beyond Better, el libro de Sally Osberg y Roger Martin. Se destacan, entre otras, Riders for Health, organización que transformó el sistema de salud rural en siete países del África, Tostan que de manera novedosa logró acabar con la mutilación genital femenina en Senegal, One Acre Fund, empresa social que hizo posible que doscientos mil pequeños agricultores en Kenia, Ruanda, Burundi y Tanzania duplicaran el rendimiento de sus cultivos, e  Imazon, una ONG que utilizando información de NASA logró influir en política pública y reducir 76% los niveles de deforestación en el Amazonas.


          Como sugieren Osberg y Martin en su libro: “para cambiar el mundo hay que desafiar los sistemas tradicionales e introducir modelos que transformen lo que es, en lo debe ser.”

viernes, 23 de octubre de 2015

Ya es Hora


            Las campanas de la torre empezaron a tocar a rebato y por su cuenta. La gente entonces se congregó en la plaza, frente a la iglesia, y preguntó a las campanas:

- ¿A qué se debe tanto alboroto?                                    
- A que ya es la hora – respondieron las campanas.
- ¿La hora de qué? - preguntó la gente.
- Las campanas respondieron - Ah, ese es problema de ustedes. Nosotras nos encargamos sólo de dar la hora, ¡pero ya es hora!


            Ya es Hora es un breve cuento del destacado escritor, periodista, cuentista y diplomático de Lorica, Córdoba, David Sánchez Juliao, fallecido en el 2011.

            El cuento nos invita a reflexionar sobre lo que hacemos con las horas. Cada hora tenemos la libertad de escoger nuestras acciones. Podemos actuar decididamente ante las oportunidades o dejarlas pasar. Podemos determinar nuestra actitud, nuestro comportamiento y nuestros valores. Los más afortunados podemos elegir nuestra carrera, nuestra profesión, y casi todos podemos elegir nuestro cónyuge o compañero, nuestra religión y nuestros amigos.

            En Colombia, gracias a nuestro sistema político abierto y democrático, los ciudadanos podemos elegir nuestros gobernantes y legisladores.

            El 25 de Octubre nos corresponderá elegir nuestros Alcaldes, Gobernadores, Diputados, Concejales y Ediles. Independientemente de nuestra preferencia política o ideológica, lo importante es cumplir con el deber de ciudadano. Para escoger un candidato debemos aplicar la prueba de fuego: ¿Es honesto y transparente? ¿Es inteligente y competente?¿Comparto sus valores? Si no encontramos candidatos que pasen la prueba, la alternativa es votar en blanco. El voto es un deber que todo ciudadano debe cumplir.

            Desafortunadamente, en nuestro país muchas personas venden su voto, lo que equivale a vender su conciencia, su dignidad, su alma.  Entre todas las anomalías que ha denunciado la Misión de Observación Electoral (MOE) respecto a la jornada campaña electoral en el Atlántico, una de las más chocantes es el caso de Candelaria (Atlántico). En este municipio se compran votos por valores que ascienden hasta los 500.000 pesos por voto. Diógenes Rosero, Director del MOE en el Atlántico, recientemente indicó que la corrupción electoral estaría moviendo aproximadamente 40.000 millones de pesos en el departamento.

            Otras anomalías están relacionados con el trasteo de formularios o votantes, práctica que ha ganado mucha fuerza en esta elección. Según los cálculos del MOE 50000 votantes se moverán internamente en 14 de los 21 municipios del departamento del Atlántico, cambiando su puesto de votación, siendo Barranquilla y Soledad los mayores expulsores de cédulas. A la fecha 374.625 cédulas han sido anuladas en la Región Caribe, una de las zonas más azotadas por las irregularidades electorales en el país. También se dan fenómenos como compra de jurados, manipulación de tarjeta electoral, y suplantación del escrutinio.

            De esta manera, corruptos humillan a los más pobres para fines electorales. Como reclama el Gobernador  de Antioquia, Sergio Fajardo: “Les pagan por su voto, atropellan su dignidad y compran la conciencia. Luego regresa el abandono por cuatro años más, y la historia se repite; es la esclavitud de nuestro tiempo.”
           
            En 1810 para poder votar en Colombia se debía vivir de la renta o del trabajo, y tener más de 21 años o estar casado. No podían votar los esclavos, las mujeres, los analfabetas, ni los pobres. En 1954 se le concedió el derecho al voto a las mujeres.

            En 1936 se le concedió el derecho al voto a los pobres. Sin embargo, en la práctica estos todavía siguen sin votar libremente gracias a aquellos políticos deshonestos adictos al poder y al dinero.

            Las campanas están sonando y, como dice el cuento de Sánchez Juliao, el problema es nuestro.


            Rechacemos a los corruptos; elijamos bien. Ya es hora.